¿Debe Thomas Christiansen seguir siendo el entrenador de Panamá o ha llegado el momento de iniciar un nuevo ciclo?
Esa es la pregunta que seguramente divide hoy al fútbol panameño. Y, probablemente, no existe una respuesta correcta.
Porque el Mundial dejó un sabor amargo. Panamá regresó sin puntos, sin goles y ubicada en puesto 43 de 48. Objetivamente, era difícil imaginar un peor cierre para un entrenador que, además, aspira en algún momento de su carrera a dirigir en un proyecto de mayor dimensión. Si alguien debía vender su candidatura durante este Mundial, el escaparate terminó siendo mucho menos brillante de lo esperado.
Pero el análisis tampoco puede quedarse únicamente en los resultados.
Panamá recibió apenas cuatro goles en tres partidos, una cifra que demuestra orden competitivo frente a selecciones de mucho nivel. Contra Croacia y Ghana hubo largos pasajes donde la selección controló el balón, manejó el ritmo y generó la sensación de estar más cerca del triunfo que su rival. Frente a Inglaterra, quizás el rival más fuerte del grupo, el equipo incluso encontró más situaciones de remate que en otros compromisos del torneo.
No alcanzó pero tampoco fue un Mundial en el que Panamá fuera ampliamente superada durante 270 minutos.
Y ahí comienza realmente el debate.
Porque Christiansen ya suma 92 partidos al frente de la selección nacional y este mes cumple seis años desde su llegada. Ha sido el proceso más estable que ha tenido Panamá en mucho tiempo. Clasificó al Mundial, consolidó una idea de juego, llevó al equipo a competir de manera constante en la región y convirtió a Panamá en un habitual protagonista de la Concacaf.
Antes del Mundial reconoció que existieron acercamientos a través de su agencia, aunque aseguró que toda su atención estaba puesta en la Copa del Mundo. Durante el torneo tampoco quiso cerrar la puerta a una posible continuidad. Según distintos reportes, ahora disfrutará de dos o tres semanas de vacaciones antes de volver a reunirse con la Federación Panameña de Fútbol para conversar sobre el futuro.
Y ese futuro también depende del contexto.
La FPF elegirá un nuevo comité ejecutivo este año y, históricamente, las decisiones sobre el seleccionador nacional han estado ligadas a esos procesos. Ocurrió después de Rusia 2018 con el interinato de Gary Stempel, el paso de Julio Dely Valdés y posteriormente la contratación de Américo Rubén Gallego bajo la nueva administración.
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Si Christiansen continúa, todo apunta a que sería con objetivos de corto plazo: buscar otro Final Four de la Liga de Naciones en marzo y preparar la Copa Oro de 2027. Si no sigue, el camino más lógico parecería ser un técnico interino, posiblemente del medio local, con nombres como Julio Dely Valdés, Jorge Dely Valdés, Gary Stempel, Felipe Baloy o Mario Méndez apareciendo naturalmente en la conversación.
Lo cierto es que el calendario no espera. En octubre Panamá tiene confirmada una exigente gira por Asia para enfrentar a Japón, Corea del Sur y Ecuador. En noviembre llegarán los cuartos de final de la Liga de Naciones, donde estará en juego la clasificación al cuarto Final Four consecutivo.
Por ahora solo queda esperar las conversaciones entre Christiansen y la Federación.
Pero la pregunta sigue siendo la misma...
¿Después de seis años, 92 partidos y un Mundial sin puntos ni goles, Thomas Christiansen merece seguir al frente de la selección de Panamá o es momento de comenzar un nuevo proyecto?


