La polémica se encendió en el Casco Antiguo. Lo que el Municipio de Panamá presentó como una apuesta para rescatar espacios públicos y fortalecer el turismo cultural, los residentes lo describen como un desorden disfrazado de fiesta popular.
El proyecto “Casco Peatonal”, impulsado por el alcalde capitalino Mayer Mizrachi, busca —según las autoridades— promover la convivencia familiar, dinamizar el turismo y abrir espacio al emprendimiento. Sin embargo, vecinos y comerciantes aseguran que la iniciativa se transformó en un carnaval dominguero que amenaza el patrimonio histórico y afecta la vida cotidiana.

La jornada del 28 de septiembre incluyó plazas icónicas como Herrera, Catedral y Bolívar. Pero la tensión estalló cuando, en la Casa de la Municipalidad, se instaló una discoteca virtual que convirtió la zona en un “parking” improvisado. Los reclamos hablan de bocinas a todo volumen, hieleras con licor, comparsas no autorizadas, ventas sin permisos y calles bloqueadas fuera del perímetro establecido.
La Coalición Comunitaria del Centro Histórico, dirigida por Fernando Díaz Jaramillo, advirtió que las estructuras restauradas son frágiles y no soportan vibraciones de conciertos masivos. Recordó como antecedente el desplome del Arco Chato en 2003, una joya colonial de 365 años que colapsó por falta de control en actividades públicas.
Vecinos como Lilia Mendoza recalcan que la infraestructura colonial no fue diseñada para multitudes. Critican la falta de control en accesos, la escasa presencia policial y el incumplimiento de normativas que protegen el Conjunto Monumental Histórico, inscrito en la lista de la UNESCO. Entre las irregularidades señaladas destacan el consumo de alcohol en la vía pública y atrios de iglesias, ventas informales con materiales inflamables, ruido excesivo y bloqueos en rutas de evacuación.
Casco Peatonal. Foto de la Alcaldía del Distrito de Panamá.La Asociación de Vecinos y Amigos del Casco Antiguo (Avaca) presentó un informe a la Alcaldía con denuncias de contaminación por humo, congestión vehicular, pérdida de clientes en restaurantes y fiestas privadas con música a volúmenes desmedidos. “Esto no es peatonalización, es un carnaval”, dijo Octavio del Moral, miembro de Avaca, cuestionando el supuesto impacto económico de 2.5 millones de dólares que, asegura, “no llega a los comercios”.
Ambas coinciden en que la iniciativa se desvió de los planes originales trabajados años atrás junto al BID para un modelo sostenible de peatonalización.
Frente a las críticas, la ministra de Turismo, Gloria De León, destacó que “a la gente le ha gustado” y que se trabaja para garantizar orden y sostenibilidad. Karla Duque, directora de Cultura y Turismo de la Alcaldía, dijo que mantienen reuniones posteriores a cada edición, donde recogen observaciones de residentes y refuerzan seguridad, limpieza y oferta cultural.
No obstante, mientras las autoridades hablan de éxito y convivencia, los vecinos insisten en que la realidad es otra: ruido, licor y desorden en medio de un patrimonio mundial que clama por respeto.


