El gimnasio del Colegio Abel Bravo de Colón cambió su rutina: micrófonos abiertos, graderías llenas y un tema que no suele entrar en la mochila, pero sí en la vida diaria de cualquiera: Constitución, transparencia y ética pública. Hasta allá llegó la Secretaría Presidencial para la Reorganización del Estado y Asuntos Constitucionales (Sepresac) con su Programa Nacional de Alfabetización Constitucional, para poner a los pelados en el centro de la conversación cívica.
Lejos del discurso frío, la dinámica fue de ida y vuelta. Los estudiantes preguntaron, cuestionaron y aterrizaron dudas sobre el papel que les toca en el proceso constituyente y cómo ejercer ciudadanía con información en mano. Nada de clases magistrales: diálogo directo y ejemplos del día a día.

En medio del intercambio, el Dr. Miguel Antonio Bernal, coordinador ejecutivo de Sepresac, dejó el mensaje que encendió los aplausos: “La juventud no solo representa el futuro, también es el presente”. La línea fue clara: si se quiere una Constitución más justa, inclusiva y transparente, la voz joven tiene que contarse desde ahora, no después.
La parada en el Abel Bravo no es un hecho aislado. Sepresac viene moviendo esta ruta en escenarios diversos de Colón: Zona Libre, Escuela de Oficiales y el Servicio Nacional Aeronaval (Senan). La idea es llegar a públicos distintos —estudiantes, funcionarios y comunidad— con la misma consigna: conocer derechos y deberes para participar mejor.

La agenda sigue. El 8 de octubre habrá nuevas jornadas en el Instituto Rufo A. Garay y el Colegio José Guardia Vega, replicando el formato que funcionó en el Abel Bravo: escuchar, debatir y entender cómo la Constitución impacta lo que se exige y lo que corresponde.
El programa no se limita a charlas puntuales. La estrategia suma talleres formativos, cabildos abiertos, debates comunitarios y otros espacios de diálogo con un objetivo mayor: que el proceso constituyente sea inclusivo, transparente y participativo. Esta primera fase está prevista para concluir en julio de 2026, con más escuelas y comunidades subidas al mismo barco.
Al final, el saldo fue claro: menos miedo a la Constitución, más ganas de participar. Si el gimnasio del Abel Bravo fue termómetro, la juventud colonense no quiere ser audiencia, quiere ser protagonista.



