La madrugada cayó pesada dentro de la casa del Parking. Eran cerca de las 3:00 a.m. cuando Yen Video decidió hablar sin filtros y contar una parte de su historia que pocos conocían. No fue show ni estrategia: fue memoria cruda.
Recordó que, cuando llegó a Panamá, durmió en el piso de una iglesia, cubierto apenas con una sábana. No había colchón, ni inflable, ni comodidad. Solo el suelo frío y la necesidad de seguir. Dijo que ese pastor los sostuvo un tiempo, hasta que luego se mudaron a un barrio de San Miguelito, por el área de Calleón. Allí tampoco había abanico y el trabajo era constante.
Relató jornadas de 8 y hasta 12 horas, cobradas como si fueran menos, sin opción a reclamar. “Si no te gusta, contrato a un nacional”, le decían. Y él aguantaba porque necesitaba el empleo. En diciembre, aseguró, no libraba ni un solo día.
También habló de su familia. Dijo que creció en un hogar de muy bajos recursos, con una madre que trabajaba como cajera y en panaderías para sacar adelante a cuatro hijos, luego de que su padre los abandonara cuando eran niños. “Yo pensaba que era clase media, hasta que conocí a la clase media”, confesó.
La noche cerró con denuncias de sabotajes, caídas de transmisión y presiones externas. Yen no pidió lástima. Solo contó de dónde viene.


