Un operativo de alto calibre, bautizado como “Armagedón”, estremeció el Centro Penitenciario El Renacer, donde la Policía Nacional puso orden con un fuerte despliegue de unidades y perros entrenados. La misión: limpiar los pabellones y sacar de circulación todo lo que no debería estar tras las rejas, reforzando así el control interno y la seguridad en uno de los centros más vigilados del país.
El resultado fue contundente. Durante el registro, los agentes hallaron una montaña de objetos prohibidos, desde 42 teléfonos celulares y 55 cargadores, hasta 107 hojas de afeitar (gilletes), 62 encendedores, básculas digitales, hojas de felling y diversas sustancias ilícitas empaquetadas en pequeñas dosis listas para circular entre los pabellones. La incautación fue tan amplia que las mesas de decomiso quedaron repletas, mostrando una radiografía del contrabando que se mueve dentro del penal.

Las imágenes del operativo hablan por sí solas: largas filas de privados de libertad con las manos en la cabeza, mientras los uniformados revisaban celda por celda y cada rincón del penal en busca de lo ilegal. En las mesas se apilaban cables, cuchillas, cigarros, chocolates, marihuana y envoltorios con polvo blanco, todo etiquetado como evidencia. El ambiente era de tensión, pero también de control total por parte de las unidades policiales.
Fuentes oficiales explicaron que este tipo de operaciones son esenciales para mantener la seguridad interna y prevenir hechos violentos, ya que muchos de esos artículos sirven para coordinar delitos desde el encierro o provocar riñas entre internos. Cada decomiso representa un golpe al desorden y un paso más en el proceso de resocialización de los privados de libertad.

El operativo se desarrolló de forma simultánea en varios sectores del penal, con la participación de unidades del Servicio Policial de Seguridad Penitenciaria, apoyadas por otros componentes de la Policía Nacional, que actuaron bajo estrictos protocolos de seguridad. Según las autoridades, “Armagedón” forma parte de un plan permanente de control que se mantendrá activo en distintos centros penitenciarios del país, reforzando la vigilancia y el orden institucional.
Más allá del nombre bíblico, el mensaje fue claro: la seguridad no se negocia, y en El Renacer ya no hay espacio para el relajo ni el contrabando interno. Quien intente desafiar la disciplina, se topará con otro “Armagedón” encima.



