Las enfermedades hepáticas avanzan en distintas regiones del mundo, impulsadas principalmente por factores prevenibles como el consumo de alcohol, la mala alimentación, el exceso de peso y la falta de actividad física.
Aunque el hígado posee una importante capacidad de regeneración, las agresiones constantes pueden provocar acumulación de grasa, inflamación y cicatrices. Con el tiempo, estos daños pueden evolucionar hacia fibrosis, cirrosis, insuficiencia hepática o cáncer.
Las guías publicadas en 2024 por la Asociación Europea para el Estudio del Hígado, junto con organizaciones europeas de diabetes y obesidad, sostienen que modificar el estilo de vida continúa siendo la base para prevenir y tratar la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, conocida como MASLD.
Las enfermedades del hígado pueden desarrollarse durante años sin causar síntomas evidentes.El alcohol, uno de los principales agresores
Evitar o reducir el consumo de alcohol constituye una de las medidas más importantes para cuidar el hígado. Su ingesta frecuente puede generar inflamación, acumulación de grasa y cicatrización progresiva, especialmente cuando existen obesidad, diabetes u otros trastornos metabólicos.
La Organización Mundial de la Salud ha señalado que el alcohol, la alimentación poco saludable y las hepatitis virales se encuentran entre los principales factores prevenibles relacionados con la cirrosis y el cáncer hepático.
Los dulces contienen azúcar refinada y aditivos. / Getty ImagesCuidado con el azúcar añadido
El consumo excesivo de bebidas azucaradas, dulces y productos ultraprocesados favorece el aumento de peso y la resistencia a la insulina, condiciones vinculadas con la acumulación de grasa en el hígado.
La OMS recomienda que los azúcares libres representen menos del 10% de la energía consumida diariamente y señala que reducirlos por debajo del 5% podría aportar beneficios adicionales para la salud.
Las ‘limpiezas’ no hacen milagros
Batidos, tés, cápsulas y productos promocionados como desintoxicantes no sustituyen una alimentación saludable ni el tratamiento médico. Además, algunos suplementos herbales pueden interactuar con medicamentos o causar lesiones hepáticas.
Antes de consumir estos productos, especialmente en dosis elevadas o combinaciones, se recomienda consultar con un profesional de la salud.
La actividad física regular ayuda a reducir la grasa hepática incluso cuando la pérdida de peso es moderada.Ejercicio y control del peso
La actividad física regular ayuda a reducir la grasa hepática incluso cuando la pérdida de peso es moderada. Las recomendaciones médicas incluyen combinar ejercicios aeróbicos, como caminar, nadar o montar bicicleta, con actividades para fortalecer los músculos.
En personas con sobrepeso, bajar de peso de manera gradual puede mejorar la acumulación de grasa, la inflamación y otros indicadores metabólicos.
La dieta mediterránea como referencia
Una alimentación basada en vegetales, frutas, legumbres, cereales integrales, pescado, frutos secos y grasas saludables es considerada una de las alternativas con mayor respaldo científico.
Este patrón alimentario, conocido como dieta mediterránea, permite disminuir el consumo de carnes procesadas, harinas refinadas, frituras, bebidas azucaradas y otros productos ultraprocesados.
Detectar el daño antes de que avance
Las enfermedades del hígado pueden desarrollarse durante años sin causar síntomas evidentes. Por esa razón, las guías europeas recomiendan evaluar a las personas con diabetes tipo 2, obesidad, enzimas hepáticas alteradas o signos de grasa en el hígado mediante análisis y pruebas no invasivas.
El cansancio persistente, la coloración amarillenta de la piel o los ojos, la inflamación abdominal y la orina oscura requieren atención médica. Sin embargo, no se debe esperar a que aparezcan estas señales: la detección temprana y los cambios sostenidos en el estilo de vida pueden evitar que una alteración silenciosa termine convirtiéndose en una enfermedad irreversible.



