Brasil llegó a los Juegos Olímpicos, que se inauguraron ayer viernes, inmerso en una profunda crisis política y económica que avanza ajena a la mayor cita deportiva del mundo y que, según las últimas encuestas, no ha logrado encandilar a los brasileños.
Los primeros Juegos Olímpicos de Sudamérica, que finalizarán el próximo 21 de agosto, arrancaron en un momento en que Brasil cuenta con dos presidentes, el interino Michel Temer y la suspendida Dilma Rousseff, y en que enfrenta la peor recesión en muchas décadas, después de que su economía se contrajera un 3.8 por ciento el año pasado.
Y ni la concentración del país en la cita mundial impidió que la crisis política diera un nuevo paso este jueves con una decisión que dejó a Rousseff al borde de su definitiva destitución. La comisión del Senado encargada del juicio preliminar contra la presidenta suspendida aprobó, por 14 votos a favor y 5 contra, un informe que acusa a la mandataria de haber 'atentado contra la Constitución' por su responsabilidad en diversas irregularidades en la gestión de los presupuestos.
El mismo informe será sometido ahora al pleno del Senado en dos votaciones, la primera prevista para el próximo martes y la segunda y definitiva para finales de agosto, cuando Rousseff sería despojada del cargo en caso de que así lo decida una mayoría calificada de 54 votos, que representan dos tercios de la Cámara Alta. En ese caso Temer, que asumió interinamente el 12 de mayo y a quien la mandataria acusa de haber orquestado 'un golpe', será confirmado en el cargo y completará el mandato que vence el 1 de enero de 2019.
POCOS APOYOS
La presidenta suspendida aún conserva el apoyo de menguados movimientos sociales, que este viernes concentraron a unos 3,000 manifestantes que protestaron ruidosamente contra Temer frente a la playa de Copacabana, lo que obligó a cambiar el recorrido de la antorcha olímpica.
'¡No a las Olimpiadas!' y '¡Fuera Temer!', citaban algunos de los carteles de los manifestantes, que se concentraron frente al hotel Copacabana Palace, a pasos del estadio olímpico de vóley playa, frente a las miradas de cientos de turistas e integrantes de delegaciones de todas partes del mundo.
La mandataria suspendida también rechazó la invitación que recibió para participar en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos por considerar que, tras haber sido protagonista en la organización del evento, no podía tener un papel secundario ahora.
'MADRE' Y 'PADRE'
Lo mismo alegó su padrino político y antecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente de Brasil que convenció en 2009 a los miembros del COI a concederle los Juegos Olímpicos a Río.
En una entrevista reciente, Rousseff comentó que se siente 'madre de estos juegos' y apuntó que Lula es 'el padre', pues fue durante su gestión cuando Río de Janeiro obtuvo la sede del evento.
Lula, por su parte, no explicó las razones por las que no estará presente, pero su oficina de prensa alegó que 'no hay clima político' para ello.
'Estoy triste por no asistir a esa fiesta en vivo y con colores, pero estaré acompañando y apoyando a Brasil', escribió ayer Rousseff en su cuenta de Twitter.
Temer, quien apenas cosecha un nivel de aceptación del 22 por ciento, se someterá a un virtual referendo cuando declare inaugurados los primeros juegos de Sudámerica ante unos 70,000 brasileños.
Los grupos que han convocado las protestas quieren manifestar su rechazo a Temer, a quien prometen abuchear en el Maracaná.
'CALAMIDAD OLÍMPICA'
Los mismos movimientos expresan abiertamente su rechazo a los juegos y argumentan que Río de Janeiro, golpeada fuertemente por la crisis económica, vive una 'calamidad olímpica' por causa de su empeño en 'obras absurdas' para los juegos, un 'caos' en la educación y salud pública y la 'especulación inmobiliaria' desatada por el evento deportivo, que ha perjudicado 'a los más pobres'.
Las protestas contra los juegos, sin embargo, no han tenido tanta acogida como las convocadas contra el Mundial de futbol de Brasil 2014, cuando millones de brasileños tomaron las calles en cientos de ciudades para exigir más inversiones sociales y menos en estadios.
Puede seguir leyendo más en La Prensa Nicaragua
Foto: Tomada de Getty Images



