El país vivirá hoy una gran fiesta, un día histórico para Panamá, de apenas 4 millones de habitantes, sacudido en los últimos meses por el robo y la posterior publicación de miles de documentos relacionados con las sociedades offshore de políticos, empresarios y celebridades de medio mundo.
Hoy, de nuevo, el país será el centro del mundo, aunque en esta ocasión lo será para presumir de una infraestructura por la que no fluirá el dinero presuntamente oculto al fisco de los clientes del ya célebre despacho Mossack Fonseca sino los enormes buques de contenedores que sirven de medio de transporte del comercio mundial.
Hoy, todo está listo para que el portacontenedores Andronikos, de la naviera china Cosco, inaugure el tercer juego de esclusas del canal de Panamá.
La ampliación llega 102 años después de que, en 1914, se reescribieran las rutas marítimas mundiales con la entonces nueva conexión entre el Pacífico y el Atlántico gracias a las esclusas construidas a un lado y otro del lago Gatún. Aquella obra revolucionaria, que se cobró 20 mil vidas, dio un impulso decisivo al comercio internacional.
Ahora, el nuevo canal que atraviesa el istmo justo al lado, a pocos cientos de metros, del anterior no se quedará atrás, permitirá operar con los llamados barcos post-Panamax (de hasta 12 mil contenedores, frente a los 4.500 actuales) y duplicar así el tráfico marítimo del país desde los 330 a los 600 millones de toneladas anuales.
La ampliación del canal, que facilita enormemente el comercio mundial sobre todo entre Asia y la costa Este de Estados Unidos, se ha culminado dos décadas después de que Panamá recuperara el control del paso y tras superar no pocas dificultades de todo tipo.


