Panamá vuelve a sorprender a la ciencia
En el Jardín Botánico Summit no solo hay árboles, senderos, animales y visitantes curiosos. También hay secretos diminutos que pueden cambiar una página del conocimiento científico.
Uno de esos hallazgos es la Lissocampsomeris bribri, una avispa descubierta en noviembre de 1994 en el Jardín Botánico Summit y que, en abril de 2026, fue incluida en la colección de entomología de la Universidad de Panamá.
El dato no es menor. Según la información divulgada, se trata del único espécimen conocido hasta ahora en el mundo. Una sola avispa, una sola muestra y muchas preguntas abiertas para la ciencia.
Una hembra única y un macho que nadie ha visto
La especie fue descrita por Luis Damián Ramírez como un espécimen hembra. Pero aquí viene lo más curioso: el macho sigue siendo un misterio científico.
Hasta ahora, no se conoce un ejemplar macho de esta especie. Eso convierte a la Lissocampsomeris bribri en una pieza todavía más interesante para los investigadores, porque deja abierta una parte clave de su historia natural.
En buen panameño: apareció la avispa, pero la otra mitad del cuento todavía no sale del monte.
Un nombre con raíz indígena
El nombre específico bribri no fue escogido al azar. Rinde homenaje al pueblo indígena Bribri, que habita en la frontera de Bocas del Toro.
Con ese nombre, la especie no solo queda registrada en la ciencia, sino también vinculada a una identidad cultural de la región. Es una forma de dejar huella en la biodiversidad y en la memoria de los pueblos originarios.
La muestra llegó al Museo de Invertebrados
La muestra fue donada originalmente por el investigador Yostin Añino Ramos, profesor del Departamento de Fisiología y Comportamiento Animal, al Museo de Invertebrados de la Universidad de Panamá.
Ese paso permitió que el espécimen quedara resguardado dentro de una colección científica, donde puede ser estudiado, consultado y conservado como parte del patrimonio natural del país.
En abril de 2026, la avispa fue incorporada formalmente a la colección de entomología de la Universidad de Panamá, reforzando el valor de las colecciones científicas como archivos vivos de la biodiversidad.
Una avispa de la familia de las “mamut”
La Lissocampsomeris bribri pertenece a la familia Scoliidae, un grupo conocido popularmente como avispas gigantes o avispas mamut.
Aunque el nombre puede sonar intimidante, estas avispas tienen una función ecológica importante. No están en la naturaleza solo para meter susto. También cumplen un papel dentro del equilibrio de los ecosistemas.
Las avispas de esta familia actúan como parasitoides de larvas de escarabajos. Eso significa que ayudan de forma natural a controlar sus poblaciones, un servicio ecológico que muchas veces pasa desapercibido.
Un descubrimiento publicado en revista científica
El hallazgo fue revelado en la revista científica Neotropical Biology and Conservation por la investigadora Ramírez-Guillén y sus colaboradores.
Con esta incorporación, el número de especies conocidas de este grupo en el continente americano sube a 72.
Ese dato confirma que la región todavía tiene mucho por mostrar. Cada nueva especie registrada ayuda a completar el mapa de la biodiversidad y permite entender mejor cómo funcionan los ecosistemas tropicales.
Las selvas aún guardan secretos
Los científicos autores del hallazgo destacan que la fauna de Scoliidae en América Central y del Sur todavía requiere mucha revisión.
Ese detalle es clave. La Lissocampsomeris bribri demuestra que incluso en sitios conocidos, como el Jardín Botánico Summit, pueden aparecer registros de enorme valor científico.
No hace falta irse al rincón más remoto del planeta para encontrar algo sorprendente. A veces, el descubrimiento está en casa, entre hojas, humedad, insectos y paciencia científica.
Una joya diminuta con peso gigante
La historia de esta avispa tiene de todo: fue descubierta en Panamá, es única conocida hasta ahora en el mundo, lleva un nombre que honra al pueblo Bribri y todavía tiene un misterio pendiente: el macho no ha sido encontrado.
Para la ciencia, cada detalle cuenta. Para Panamá, este tipo de hallazgos confirma que su biodiversidad sigue siendo una vitrina poderosa.
La Lissocampsomeris bribri no es solo una avispa más. Es una pequeña joya natural que recuerda que en los bosques húmedos del país todavía hay historias esperando que alguien las encuentre, las estudie y las ponga en el mapa.


