Dormir en un lugar que no es tu casa, observando y escuchando cosas totalmente inexplicables, es sin dudas estresante. Es lo que han vivido algunos jugadores de los Dodgers en un hotel de Milwaukee. A medianoche, cuando el ascensor se demora y el pasillo respira, el hotel Pfister cambia de piel, en modo poltergeist.
Desde 1893 guarda un guion que la ciencia prefiere no comentar e ignorar, testimonios de sombras errantes en sus pasillos, que cruzan sin pedir permiso, susurros aterrorizantes detrás de las paredes y luces que se encienden y se apagan sin alguna explicación, asustan hasta el más escéptico.
Lobby del Pfister, entre los lujos del mármol, retratos antiguos y sombras errantes que observan desde el balcón.Los peloteros de los Dodgers lo cuentan a lo bajito, las puertas que crujen y eventos paranormales que erizan la piel. Y lo más inexplicable, cuentos de una sombra que mira desde el balcón del lobby y el retrato de Charles Pfister parpadea.
Mookie Betts y Teoscar Hernández cambiaron de hotel: “no creo en fantasmas, pero no dormiré ahí”.Los jugadores de los Dodgers Mookie Betts y Teoscar Hernández dijeron “no, gracias”. Betts, metódico, ni lo piensa: “no quiero comprobarlo yo mismo”. Teoscar lo explica con honestidad y un nudo en la risa: “No creo en fantasmas; me quedé ahí y nunca me pasó nada… pero mi esposa no pega un ojo cuando las luces parpadean, suena un golpe seco en la puerta y se oyen pasos al lado de la cama. Prefiero dormir lejos antes que amanecer con el corazón acelerado”.
Fachada del famoso y lujoso hotel Pfister.La Serie de Campeonato de la Liga Nacional está al rojo vivo, y los Dodgers dominan la serie 2-0 a Milwaukee, pero la leyenda del Pfister volvió a colarse en primera fila en las conversaciones. En el clubhouse retumba las murmuraciones, las sombras que se detienen a mirar, puertas que hablan, luces con vida propia. El mensaje de LA es claro: batazos sí; apariciones, no.
Una fama espeluznante entre varios jugadores de las Grandes Ligas
No es cuento o fábula. El Pfister carga con 132 años de anécdotas, ya sea entre los locales y en las Grandes Ligas. Bryce Harper jugador de los Filis, contó que su ropa apareció al otro lado del cuarto. Mientras que, Giancarlo Stanton, jugador de los Yankees, comparó los tenebrosos retratos (que afirman los ojos parpadean al observarlos fijamente) “cuanto menos tiempo lo miras, es mejor”. Otros aseguran que las rendijas crujen en las puertas antiguas asustando a los jugadores.
Hotel Pfister, icono de Milwaukee, de día postal de lujo; de noche, pasillos que susurran historias que la ciencia prefiere no comentar.¿Fantasma o broma pesada?
La leyenda vive porque nadie puede demostrar lo contrario. Para los lugareños, Milwaukee tiene “memoria” de historias de fantasmas por montones. Pero la realidad es que los Dodgers vuelven a casa con ventaja 2-0, Si Los Ángeles no liquidan en casa, tendrá que regresar a Milwaukee y pasar otra vez frente al Pfister, donde las leyendas fantasmagóricas caminan más rápido en sus pasillos. Pero a esta altura, lo único verdaderamente ‘embrujado’ que temen en el dugout de Los Dodgers, es dejar con vida la serie. La receta es simple y dura: buena ofensiva, bullpen efectivo y a dormir sin sustos.
Que los retratos parpadeen si quieren; la única aparición que busca los Dodgers es su nombre iluminado en la Serie Mundial. Play ball.


