El rey del fútbol stylish, David Beckham, no para de hypear el Mundial 2026. Dueño del Inter Miami donde brilla Messi, el británico ve en el torneo de EE.UU., México y Canadá una fiesta que pegará fuerte: unirá culturas, motivará a chiquillos con el balón y reescribirá la historia del deporte.
En charla con People, Becks lo pinta claro: “Va a ser una oportunidad única para ver cómo el fútbol une todo”. Imagina estadios llenos en una docena de ciudades, con la experiencia de México (que ya lo armó antes), la pasión yankee y el empuje canadiense. “Es un antes y después”, dice, apostando por infra moderna y comunidades locas por el soccer.
El impacto pinta brutal. FIFA calcula más de 8,43 millones de espectadores y unos US$5.000 millones en ingresos, con derramas millonarias en turismo y empleos. Para Norteamérica, que suma el 25% del PIB mundial, es un boost al fútbol local, ligas femeninas y hasta movilidad verde en ciudades como LA o CDMX.
Lo que más emociona a Beckham:
Jóvenes viviendo la magia de un Mundial de cerca, creciendo ligas.
Respeto entre hinchas de todo el mundo.
Economía volando: millones de visitantes y expo global.



