Lo que prometía ser uno de los regresos más mediáticos del boxeo mundial vuelve a entrar en zona de turbulencia. La esperada revancha entre Floyd Mayweather Jr. y Manny Pacquiao, anunciada para septiembre con respaldo de Netflix, acaba de perder su sede estrella: la futurista Sphere de Las Vegas. Y con eso, también se tambalea la credibilidad de un combate que ya venía cargado de dudas, polémicas y silencios incómodos.
La Sphere se baja del ring
El golpe más reciente no vino de ningún rival, sino de la agenda. La banda The Eagles confirmó su residencia en la Sphere justo en la fecha prevista para la pelea, dejando fuera al evento de boxeo.
Este recinto, considerado uno de los más innovadores del mundo, se había convertido en el gran gancho del espectáculo. Su tecnología inmersiva prometía una experiencia única, algo que el boxeo no había visto antes.
Sin embargo, sin sede confirmada y sin comunicación oficial clara, la pelea entra en terreno incierto.
¿Exhibición o pelea real?
El otro gran punto de conflicto sigue siendo el formato. Floyd Mayweather Jr. ha dejado entrever que se trataría de una exhibición, mientras que el entorno de Manny Pacquiao insiste en que debe ser un combate profesional.
Esta diferencia no es menor, una exhibición no cuenta en récords oficiales y suele tener reglas más flexibles. Para Pacquiao, que busca cerrar su legado con un golpe de autoridad, eso cambia completamente el panorama.
Mayweather suma ruido fuera del cuadrilátero
Mientras tanto, Mayweather sigue generando titulares… pero no precisamente por boxeo. Según reportes de Business Insider, el Servicio de Impuestos Internos (IRS) de EE.UU. le impuso un gravamen de 7.3 millones de dólares por deudas fiscales correspondientes a 2018 y 2023.
A esto se suma su agenda de exhibiciones, incluyendo posibles combates ante Mike Tyson y el griego Mike Zambidis, lo que refuerza la percepción de que el negocio está por encima de la competencia deportiva.
Un dato que pocos recuerdan
La primera pelea entre Mayweather y Pacquiao en 2015 sigue siendo la más lucrativa de la historia del boxeo, generando más de 600 millones de dólares en ingresos totales, según datos de HBO y Showtime. Aquella noche vendió más de 4.6 millones de pagos por evento, un récord que aún no ha sido superado.


