El Mundial todavía no había pitado su primer balón y Nueva Zelanda ya tenía un héroe tan inesperado como simpático. Tim Payne, defensor de 32 años del Wellington Phoenix, arrancó la semana con alrededor de 4,700 seguidores en Instagram. Cuarenta y ocho horas después, ya había atravesado la barrera del millón. No fue por un golazo ni por una barrida salvadora: el empujón llegó desde Argentina, gracias a un reto de redes que convirtió al futbolista “menos conocido” del torneo en el mimado de la internet.
Un kiwi adoptado por el internet latino
Valen Scarsini, conocido en redes como El Scarso, buscó entre los convocados al Mundial al jugador con menor impacto digital. Lo encontró en el Grupo G: Tim Payne. Su propuesta fue sencilla y tremenda: seguirlo, comentar sus publicaciones y fabricar una leyenda colectiva antes del torneo. El llamado agarró vuelo de inmediato. La fanaticada hasta le creó una canción en español y un lema perfecto para el meme: “No Payne, no gain”.
La carrera que ya existía antes del ruido
El relajo funciona porque Payne no es un aparecido. Nueva Zelanda lo incluyó en su lista mundialista con 50 partidos internacionales y tres goles. Su ruta pasó por Auckland City, una etapa de formación en Blackburn Rovers, una temporada con Portland Timbers 2 y tres campañas con Eastern Suburbs, conjunto al que capitaneó hasta un título nacional. Desde 2019 juega en Wellington Phoenix, donde se ha hecho un nombre como defensor de recorrido.
Del episodio vergonzoso a su mejor momento
Su historia tampoco ha sido siempre de aplausos. En 2020, Payne se disculpó públicamente después de romper una cuarentena en Australia y enfrentar un cargo por conducir un carrito de golf tras beber. Años después, su momento deportivo luce muy distinto: en la temporada 2023-24 firmó tres goles y cuatro asistencias con Phoenix, entró al equipo ideal de futbolistas profesionales de Australia y aseguró contrato hasta 2027-28.
Se gano el cariño global
Ahora Payne llega a la Copa del Mundo con un millón de ojos nuevos sobre sus botines. Los All Whites jugarán su tercer Mundial y enfrentarán a Irán, Egipto y Bélgica. El defensor, que hace días era un desconocido, ya ganó algo difícil de comprar, un cariño global antes de rodar la pelota. Su caso confirma que, en el fútbol moderno, una historia auténtica puede viajar más rápido que cualquier extremo. Panamá sabe bien lo que es llegar a un Mundial con ilusión; esta vez, también tendrá un kiwi inesperado para mirar.
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