En las playas de Robertsport, Liberia, un pequeño de apenas 12 años llamado Regan desafía las olas con una tabla hecha de madera.
Mientras en otras partes del mundo los niños aprenden a surfear sobre tablas de más de 900 dólares, él desliza su cuerpo con la misma pasión sobre un pedazo de tronco pulido por el mar. Su historia, tan humilde como inspiradora, forma parte del documental “We The Surfers”, donde retrata cómo el surf se ha convertido en una vía de escape para los jóvenes liberianos que buscan un futuro lejos de la violencia.
Con apenas 12 años, este niño surfea sin tabla profesional, pero con pasión desbordante.El padre de Regan fue un niño soldado durante la primera guerra civil liberiana (1989-1996). Hoy, su hijo escribe un relato distinto, hecho de espuma y sueños. Regan no solo es uno de los mejores surfistas jóvenes de su comunidad, sino también un símbolo de esperanza para muchos chicos que ven en las olas una tabla de salvación.
En Robertsport, una comunidad costera donde apenas hay 60 surfistas activos, las tablas nuevas son un lujo inalcanzable. Por eso, los niños comienzan con lo que tienen: trozos de madera tallados a mano, similares a los que usaban los antiguos hawaianos.
La ONG suizo-alemana “Provide the Slide” ha jugado un papel clave desde 2019, donando más de 500 tablas de surf y organizando talleres de reparación en ocho países de África Occidental. Gracias a ellos, decenas de jóvenes como Regan han podido continuar practicando sin rendirse ante la falta de recursos.
Con cada ola que conquista, este pequeño demuestra que no se necesitan recursos para tener grandeza. Solo corazón, mar y un trozo de madera.



