Chris Cornell llenó estadios con una voz que parecía indestructible. Pero en canciones como 'Like a Stone’, bajó el volumen para dejar al descubierto algo más inquietante: la soledad, la espera y una lucha interna que lo acompañó toda la vida.
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— crucifunker (@ghostmotorfingr) January 1, 2026
Un silencio que venía de lejos
Antes de la fama, Cornell fue un joven retraído en Seattle. Él mismo habló de episodios de depresión y aislamiento desde temprana edad. Mientras otros gritaban para ser escuchados, él aprendió a callar. La música se convirtió en su refugio, pero también en el lugar donde dejó pistas de su tormento.
El cantante durante una presentación cargada de introspección.Cuando el grunge le dio voz al dolor
Con Soundgarden, Cornell no cantaba para animar fiestas. Sus letras estaban cargadas de angustia, fe quebrada y preguntas sin respuesta. Ese tono oscuro conectó con una generación que también cargaba peso por dentro. Ahí nació el mito, pero también se profundizó el conflicto interior.
Like a Stone: esperar sin moverse
En 2002, ya con Audioslave, Cornell lanzó Like a Stone. La canción hablaba de sentarse solo, de esperar después de la vida, de permanecer inmóvil como una piedra. No había rabia, no había escape. Solo espera. El propio Cornell explicó que la letra giraba en torno a la espiritualidad y la reflexión, pero su interpretación dejaba ver cansancio emocional y una introspección profunda.
Chris Cornell convirtió sus luchas internas en canciones que hablaban cuando él prefería guardar silencio.El éxito no fue alivio
Audioslave fue un fenómeno mundial. Giras, discos, reconocimiento. Pero Like a Stone demostró que la fama no siempre sana. Cornell seguía escribiendo desde un lugar oscuro, convirtiendo la fragilidad en arte. Esa honestidad es lo que hizo que la canción envejeciera distinto y hoy se escuche con un peso mayor.
Una obra que dejó señales
Chris Cornell falleció en 2017. Su partida estremeció al mundo, no por morbo, sino porque su música ya advertía una batalla constante. Canciones como Like a Stone quedaron como documentos emocionales de un artista que nunca fingió estar bien.


