Diez días después del terremoto, Cali intenta recuperar el pulso. Los comercios comienzan a abrir, los restaurantes vuelven a recibir clientes y en las calles se asoma la rutina, aunque persisten el silencio, los edificios acordonados y el dolor de quienes perdieron sus seres queridos, viviendas y negocios.
La ciudad quiere volver a moverse, pero lo hace con cautela. En algunos sectores, los comerciantes ofrecen nuevos menús, reorganizan sus locales o levantan las persianas como una señal de reactivación frente a una emergencia que dejó más de un centenar de muertos en Cali y alteró la vida económica de miles de familias.
Janeth Rodríguez, propietaria desde hace más de 35 años de un negocio familiar de fotocopias, impresiones y papelería, es una de los miles de afectados que perdió todo en los eternos segundos que duró el sismo del 10 de agosto.
“Nos vimos muy afectados, en toda la magnitud. Esto es un negocio familiar (...) y el edificio se vio bastante afectado, llevamos todo este tiempo sin generar una ganancia”, cuenta a EFE Rodríguez, cuyo establecimiento tuvo que ser desalojado por los daños estructurales del inmueble.
La mujer indicó que ahora deben guardar todo en una bodega y volver a empezar.
“Tuvimos pérdidas en equipos, máquinas, mercancía. Estamos con el corazón partido, pero felices porque tenemos vida. Son emociones encontradas”, relata.
La Línea de Afectación Empresarial, mecanismo habilitado por la Cámara de Comercio de Cali, en articulación con Confecámaras y el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, registra 1,312 empresas damnificadas en Cali, de las cuales 143 están clasificadas como críticas y 414 que no están operando.
Una ciudad dinámica
“Queremos volver a ver nuestra ciudad dinámica. No nos podemos parar, aunque el luto nos esté matando por dentro”, asegura a EFE Alejandra Álvarez, comerciante que resume el sentimiento de quienes han decidido regresar a sus trabajos y comercios mientras continúan procesando las pérdidas.
Según la Alcaldía de Cali, capital del Valle del Cauca, ya se trabaja en la siguiente fase de la emergencia: la recuperación y reconstrucción, que podría costar hasta 10 billones de pesos (unos 3 mil 258 millones de dólares).


