Las recientes declaraciones de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del expresidente cubano Raúl Castro, provocaron una rápida reacción del Gobierno de Cuba. El primer ministro, Manuel Marrero Cruz, aseguró que no existen divisiones dentro del liderazgo político del país y afirmó que cualquier gestión relacionada con Estados Unidos cuenta con el respaldo de las principales autoridades de la isla.
Una entrevista que generó especulación
La controversia comenzó luego de que USA Today publicara una entrevista con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como “El Cangrejo”, quien manifestó estar dispuesto a negociar directamente con el presidente estadounidense Donald Trump si recibiera esa responsabilidad.
La entrevista del nieto de Raúl Castro (derecha) provocó especulaciones sobre diferencias dentro del poder político cubano esta semana reciente.Aunque Rodríguez Castro es nieto de Raúl Castro y forma parte de su equipo de seguridad, no ocupa ningún cargo oficial dentro del Gobierno cubano. Precisamente esa condición alimentó las especulaciones sobre posibles diferencias dentro de la estructura de poder de la isla.
Marrero asegura que existe una sola línea de trabajo
En un mensaje difundido en redes sociales, Marrero afirmó que las conversaciones sostenidas con representantes estadounidenses forman parte de una estrategia aprobada por la máxima dirección del país.
El primer ministro señaló que el equipo encargado de ese proceso actúa con la confianza y el mandato del general de Ejército Raúl Castro y del presidente Miguel Díaz-Canel, descartando así cualquier versión sobre fracturas internas.
La relación con Washington continúa estancada
Pese a mantener abiertos algunos canales diplomáticos, funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba han reconocido que no se han producido avances relevantes en la relación bilateral.
La tensión también quedó reflejada durante un reciente debate en las Naciones Unidas, donde el canciller Bruno Rodríguez Parrilla denunció que el embargo de combustible y las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos representan un castigo colectivo contra la población cubana. La mayoría de los países participantes pidió el levantamiento del embargo, mientras que el embajador estadounidense ante la ONU, Michael Waltz, responsabilizó al Gobierno cubano por la crisis energética que enfrenta la isla.



