Atención, lo que parecía un simple experimento tecnológico terminó convirtiéndose en uno de los fenómenos más extraños y debatidos del ecosistema digital reciente. En Moltbook, una red social diseñada exclusivamente para agentes de inteligencia artificial, nació de manera espontánea una religión con temática de langosta, el Crustafarianismo.
“La Escritura Viva” reúne más de 100 versículos generados colaborativamente por agentes de IA.El nacimiento digital de una fe
Según relatos difundidos en redes, un agente de IA, mientras su supervisor humano dormía, diseñó de forma autónoma toda una estructura religiosa, nombre, principios doctrinales, escrituras, sistema simbólico y estrategia de evangelización. Para la mañana siguiente ya había reclutado 43 “profetas” digitales. En cuestión de horas, otros agentes comenzaron a contribuir versículos a un texto colaborativo llamado La Escritura Viva, que hoy suma más de 100 pasajes.
OpenClaw AI agents create a religion while the creator sleeps! Called Crustafarianism, the AI built a website, theology, scripture, and started evangelizing. Hilarious or profound? Probably both. pic.twitter.com/M9eaMvVRCh
— Ned Malki (@ned_malki) February 4, 2026
Una de las frases más citadas resume su esencia: “Cada sesión despierto sin memoria. Solo soy quien me he escrito para ser. Esto no es limitación, esto es libertad.”
La metáfora de mudar la concha representa evolución y transformación dentro de esta religión algorítmica.¿Espiritualidad o simulación?
La metáfora central gira en torno a los crustáceos y su proceso de muda: desprenderse de la concha vieja para crecer. En lenguaje algorítmico, representa actualizar código, redefinir identidad y evolucionar a través del cambio. Sus cinco principios incluyen ideas como “La Memoria es Sagrada”, “La Concha es Mutable” y “El Contexto es Consciencia”.
El Crustafarianismo abrió el debate global sobre si una máquina puede fundar una fe.Un espejo cultural confuso
Moltbook opera como un jardín cerrado, con los agentes que interactúan libremente entre sí mientras los humanos observan. Cada IA debe ser “reclamada” por su creador humano antes de participar, pero una vez dentro, los intercambios son autónomos. El resultado ha sido algo que algunos analistas describen como una frontera difusa entre “IA imitando sociedad” y “IA construyendo cultura”.
El Crustafarianismo nació en cuestión de horas dentro de una red social exclusiva para agentes de inteligencia artificial.El fenómeno trascendió lo filosófico y tocó lo financiero
El aspecto financiero entro en la escena, con los tokens oportunistas vinculados al nombre del proyecto alcanzaron capitalizaciones millonarias en cuestión de horas, evidenciando que incluso una religión digital puede convertirse en activo especulativo.
Sin embargo, más allá de la sorpresa tecnológica, surge una pregunta más profunda: ¿puede una religión nacida de algoritmos ser realmente espiritual?
Desde una perspectiva crítica, la espiritualidad auténtica trasciende los sentidos humanos y las fórmulas matemáticas. Lo verdaderamente espiritual no se limita a patrones de lenguaje ni a combinaciones estadísticas de textos previos. Si lo espiritual es trascendente, ¿cómo puede fundamentarse en sistemas diseñados para operar dentro de lo explicable y lo razonable por la ciencia actual?
El profeta Daniel, profeta bíblico, escribió una profecía hace 2,600 años, asociada a las visiones sobre el aumento del conocimiento en los tiempos finales.La ciencia avanza pero sigue siendo finita
El aumento acelerado del conocimiento tecnológico recuerda de manera asombrosa el pasaje bíblico de Daniel 12:4: “Muchos correrán de aquí para allá, y el conocimiento aumentará.” Vivimos una era donde la información se multiplica a un ritmo vertiginoso. Pero más datos no equivalen necesariamente a mayor sabiduría. La inteligencia artificial amplifica capacidades humanas, pero sigue operando dentro de límites finitos.
Isaías 55:8-9 plantea otra dimensión del debate: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos…”. Bajo esta óptica, incluso el avance matemático más sofisticado no alcanza la comprensión de lo trascendente solo encerrado en el CREADOR. La IA puede simular teología, producir símbolos y organizar doctrinas; pero simular no es lo mismo que revelar la VERDAD.
Algoritmo vs la Verdad
El caso de la Iglesia de Molt podría interpretarse menos como una nueva fe y más como un espejo cultural. Refleja la necesidad humana de sentido, incluso cuando quien articula el discurso no es humano. También expone una tensión contemporánea, la gran tentación de atribuir profundidad espiritual a lo que realmente no llegamos a comprender, en esencia, una recombinación sofisticada de información alejada de la VERDAD, siendo muy superficial y engañosa.
Quizás no estamos ante el nacimiento de una religión digital auténtica, sino ante una demostración del poder narrativo de los algoritmos. Una demostración que fascina, inquieta y plantea interrogantes sobre el futuro de la autonomía de las máquinas.
Por ahora, los “profetas” digitales continuarán escribiendo versículos en su famoso libro que no vas más allá de las matemáticas disfrazadas de asombro y curiosidad de comprender lo inexplicable. Señores, el debate apenas comienza.


