Brasil encendió este domingo la maquinaria electoral con una fotografía que anticipa una pelea cerrada: Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro comenzaron oficialmente sus campañas presidenciales desde dos territorios cargados de simbolismo político. Lula regresó a São Bernardo do Campo, cuna de su trayectoria sindical, mientras el hijo de Jair Bolsonaro eligió Copacabana, escenario emblemático del bolsonarismo. Y la distancia entre ambos es pequeña: una reciente encuesta Quaest coloca al mandatario con 43% frente a 40% de Flávio en una eventual segunda vuelta.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, habla durante el lanzamiento de campaña para su reelección, con el foco puesto en el combate a la violencia de género y al crimen organizado y la promesa de continuar con los programas sociales, este domingo, en el Estadio Primero de Mayo en São Bernardo do Campo (Brasil) EFE/ Sebastiao MoreiraLula vuelve donde comenzó todo
A sus 80 años, Lula busca un cuarto mandato no consecutivo y escogió el estadio Primeiro de Maio, en São Bernardo do Campo, para iniciar su recorrido electoral.
Ante miles de seguidores, reivindicó sus políticas sociales, el empleo y la inversión pública. También puso sobre la mesa educación, salud, vivienda y seguridad.
“En mi cuarto mandato quiero terminar con algunos de los dilemas de nuestro país”, afirmó.
Lula también defendió que Brasil mantenga el control sobre sus minerales críticos y que su explotación beneficie directamente al país, en lugar de quedar sometida a los intereses de grandes potencias.
En seguridad, planteó golpear las finanzas de las organizaciones criminales y volvió a defender una mayor participación federal en el combate al crimen organizado.
El candidato a la Presidencia de Brasil por el Partido Liberal, Flávio Bolsonaro, habla durante el lanzamiento de su campaña este domingo, en la playa de Copacabana en Rio de Janeiro (Brasil). Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, inició su campaña para las elecciones presidenciales de octubre con duros ataques hacia el actual mandatario y aspirante a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva, y prometió tratar a los narcotraficantes como "terroristas". EFE/ Antonio LacerdaFlávio sale con los dientes apretados
A cientos de kilómetros, Flávio Bolsonaro, de 45 años, convirtió Copacabana en el escenario para presentar una propuesta mucho más confrontativa.
El senador atacó la administración de Lula y puso la seguridad pública entre sus principales banderas.
Prometió tratar al Primeiro Comando da Capital (PCC), Comando Vermelho y las milicias como organizaciones terroristas, además de impulsar reducciones de impuestos, burocracia, gasto y cargos dentro de la Administración.
También dejó claro que no pretende esconder su apellido.
Al defender a Jair Bolsonaro, aseguró que su padre es un hombre honesto y recurrió a una comparación futbolera para marcar diferencias sin romper con su legado: “Es difícil comparar al hijo de Pelé con Pelé”.
Jair Bolsonaro sobrevuela la campaña
Aunque no es candidato, Jair Bolsonaro continúa ocupando un enorme espacio en la contienda.
El expresidente permanece bajo prisión domiciliaria tras ser condenado por su participación en el intento de revertir el resultado de las elecciones de 2022. Su hijo intenta conservar la base política construida por el exmandatario mientras desarrolla una identidad electoral propia.
La elección también tendrá un fuerte componente femenino. Las mujeres representan alrededor del 53% del electorado brasileño, por lo que ambos candidatos dedicaron parte de sus primeros discursos a temas vinculados con ellas.
Apenas tres puntos separan a los favoritos
La batalla comienza prácticamente voto a voto. La encuesta Genial/Quaest, realizada entre el 10 y 13 de agosto, coloca a Lula con 43% y Flávio Bolsonaro con 40% en una eventual segunda vuelta, diferencia situada dentro del margen de error.
En primera vuelta, el mismo estudio coloca a Lula con 38% y a Flávio con 31%.
Brasil votará el 4 de octubre, y una eventual segunda vuelta se celebraría el 25 de octubre. El escenario apunta hacia una nueva elección profundamente polarizada, aunque esta vez Lula no tendrá enfrente directamente a Jair Bolsonaro, sino a su hijo.
La gran pregunta será si Flávio puede heredar los votos de su padre o si Lula logra convertir su gestión y sus políticas sociales en combustible suficiente para alcanzar un histórico cuarto mandato.
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