Dormir bajo un árbol, en una cancha deportiva o dentro de una escuela se ha convertido en la nueva rutina para miles de venezolanos. Una semana después de los dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 que estremecieron el norte del país en apenas 39 segundos, la emergencia ya no solo se mide por los edificios derrumbados o la cifra de víctimas. Ahora, la crisis se vive en los refugios improvisados, donde familias enteras intentan reconstruir su vida con apenas unas pocas pertenencias.
Fotografía que muestra un cartel de desaparición en un refugio transitorio habilitado para atender a personas afectadas por los terremotos este jueves, en el complejo deportivo Domo José María Vargas, en La Guaira (Venezuela). El Programa Mundial de Alimentos (PMA) busca asistir a medio millón de personas en Venezuela durante un período de tres meses, luego de los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 ocurridos hace ocho días que han dejado hasta el momento 2.295 fallecidos, 11.267 heridos y un número aún por determinar de desaparecidos. EFE/ Raúl MartínezLa calle se volvió un hogar
Las imágenes que llegan desde La Guaira muestran parques, escuelas, gimnasios y plazas convertidos en enormes albergues temporales. Según cifras oficiales, alrededor de 15,000 personas perdieron completamente sus viviendas, mientras otras 28.000 no pueden regresar porque sus casas presentan graves daños estructurales. El Gobierno informó la habilitación de 69 refugios, pero muchos damnificados siguen optando por permanecer al aire libre por temor a nuevas réplicas.
Personas reciben refrigerios en un refugio transitorio habilitado para atender a personas afectadas por los terremotos este jueves, en el complejo deportivo Domo José María Vargas, en La Guaira (Venezuela). El Programa Mundial de Alimentos (PMA) busca asistir a medio millón de personas en Venezuela durante un período de tres meses, luego de los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 ocurridos hace ocho días que han dejado hasta el momento 2.295 fallecidos, 11.267 heridos y un número aún por determinar de desaparecidos. EFE/ Raúl MartínezUno de los aspectos menos conocidos de la tragedia es que gran parte de los refugios están siendo administrados por jóvenes voluntarios que también fueron víctimas del terremoto. En la escuela República de Panamá, convertida en albergue, decenas de voluntarios organizan el registro de familias, distribuyen alimentos y mantienen un sistema digital para localizar a los desplazados y facilitar el reencuentro con sus familiares.
Rescatistas realizan labores de búsqueda de personas desaparecidas en una zona afectada por los terremotos, este domingo, en Tanaguaneras, La Guaira (Venezuela). EFE/ Henry Chirinos
El riesgo ahora es sanitario
Mientras continúan las labores de rescate, médicos y organizaciones humanitarias advierten que el mayor peligro podría estar apenas comenzando. El hacinamiento, la escasez de agua potable y las deficientes condiciones sanitarias aumentan el riesgo de enfermedades infecciosas, especialmente entre niños y adultos mayores. Especialistas alertan que la emergencia sanitaria podría prolongarse durante semanas si no llegan suficientes recursos.
Empieza la reconstrucción
La cifra oficial de fallecidos asciende a 2.645 personas y más de 12.000 resultaron heridas. Sin embargo, para miles de venezolanos la verdadera reconstrucción empieza cada noche, cuando intentan dormir en un refugio improvisado sin saber cuándo volverán a tener una casa. Entre colchones, carpas y largas filas para recibir alimentos, el terremoto sigue presente mucho después de que la tierra dejara de temblar. La solidaridad mantiene viva la esperanza, pero el desafío humanitario apenas comienza.
¡Comparte tu opinión en los comentarios y sigue nuestras actualizaciones!



