Con profundo pesar, el pueblo santiagueño despidió a Alfredo Almanza Guerra, uno de los protagonistas de la histórica gesta del 9 de enero de 1964, quien falleció dejando una huella imborrable en la memoria nacional.
Almanza fue uno de los panameños que, en aquellos días decisivos, se enfrentó a la imposición estadounidense en defensa de la soberanía del país. Durante los hechos resultó herido, convirtiéndose en testigo y símbolo de una lucha que marcó la historia de Panamá.
Las exequias se realizaron en la Catedral Santiago Apóstol, donde recibió honores póstumos. Su féretro fue cubierto con la bandera nacional y escoltado por unidades de la Policía Nacional. Al acto acudieron autoridades, entre ellas la gobernadora Idelmartha Rivera Díaz, familiares y ciudadanos que se acercaron a darle el último adiós.
Posteriormente, sus restos fueron trasladados al cementerio de La Colorada, su tierra natal, donde descansará quien en vida siempre defendió con orgullo sus raíces y su país.
En múltiples entrevistas, Almanza dejó clara su convicción: volvería a defender la patria si tuviera la oportunidad. “Eso lo llevo en la sangre”, decía con firmeza, reflejando el profundo amor que sentía por Panamá.
Por años, fue conocido también como vendedor de periódicos en la ciudad de Santiago. Hoy, su puesto permanece vacío, convertido en un silencioso recordatorio de su vida sencilla, pero cargada de historia y patriotismo.
Su valentía fue reconocida en vida. Hace tres años recibió una pensión vitalicia como homenaje a su participación en la gesta del 9 de enero, además de múltiples reconocimientos por parte de autoridades y organizaciones.
Eric Caballero, exedil que impulsó dicho reconocimiento, lo recordó como “un hijo humilde de esta tierra, ejemplo de lucha y dignidad”. “Que Dios lo tenga en la gloria”, expresó.
El pasado 9 de enero fue su última aparición pública, cuando, con orgullo, portó el emblema nacional, dejando ver en su mirada y sonrisa el amor que siempre profesó por su patria.
Hoy, Panamá pierde a un patriota. Pero su historia queda viva como ejemplo para las nuevas generaciones: la soberanía se defiende, y el amor por la nación no se negocia.



