Panamá tipificó el femicidio como delito hace más de una década (2013), pero la violencia letal contra las mujeres está lejos de desaparecer.
Entre medidas de protección insuficientes, una cultura machista, casos cada vez menos aislados y cifras que no descienden, la advertencia es clara: el problema persiste.
La violencia de género con resultados fatales era un hecho en la sociedad panameña, pero desde que fue tipificada como delito, el término femicidio ha permitido visibilizar el problema, aunque eso no siempre se traduzca en menos violencia hacia la mujer.
De acuerdo con datos oficiales, en Panamá este fenómeno ha seguido una tendencia lineal en los últimos 10 años. En 2015 se registraron 29 casos, cifra que se redujo hasta 18, en 2017, y repuntó hasta alcanzar su punto más alto en 2020, con 31 víctimas.
La estadística de 2020, año en que la pandemia de covid-19 obligó al mundo a confinarse, parece confirmar una verdad complicada, que el femicida suele vivir bajo el mismo techo que la víctima. Desde entonces, los registros han oscilado entre 15 y 23 casos anuales, con 15 en 2023 como el nivel más bajo en los años recientes; en 2025 se contabilizaron 20 víctimas.
En lo que va de 2026, ya se reportan 11 casos. Más allá de las cifras, especialistas coinciden en que el problema responde a una red de factores sociales que van desde la violencia en la sociedad actual hasta factores culturales y falta de fuerza en las medidas de prevención.
En conversación con La Prensa, el criminólogo y sociólogo Tirso Castillo de Lemos explicó que el femicidio es un crimen motivado por odio, control y dominación, en el que el agresor percibe a la mujer como una posesión. Este perfil suele estar marcado por conductas como celos extremos, violencia, control y una visión misógina.
Según el especialista, la mayoría de los casos en Panamá están vinculados a parejas o exparejas, especialmente cuando la víctima decide terminar la relación, lo que el agresor interpreta como una pérdida de control o una “ofensa” a su ego. Advierte que el femicidio no es un hecho aislado, sino la fase final de un ciclo de violencia doméstica que incluye agresiones, reconciliación y repetición del abuso.
En muchos casos, las víctimas ya habían denunciado previamente. “Estamos ante una sociedad extremadamente machista, una sociedad donde la violencia contra la mujer es permisiva”, señala.
Añade que la violencia doméstica es, sin duda alguna, un antecedente del femicidio, ya que en la mayoría de los casos las víctimas directas son las mujeres.
Castillo de Lemos recalca que, si bien las medidas de protección a la víctima deberían cambiar, con algo más que órdenes de alejamiento, también se debería pensar en el aumento de penas a los agresores.

