El ministro de Salud, Fernando Boyd, no se anda con rodeos: “¡Vayan a los centros de salud esta semana!”, dice para arrancar la Semana de Vacunación de las Américas. Panamá tiene un arsenal de vacunas listas –más de 1.2 millones contra la influenza, sarampión y otras 25 del esquema nacional– para frenar males que se previenen fácil. Aunque no hay sarampión aquí, anda suelto en otros países, y la gripe ya nos cobró caro: 109 muertos el año pasado y casi 30 este año. “Las vacunas pueden dar fiebre o malestar un par de días, pero pasa rápido”, aclara Boyd.
Sobre el agua en Azuero, la cosa pinta fea. El agua de la potabilizadora de Las Tablas y Herrera sigue sin ser potable, y el cáncer –que mencionan por los agroquímicos contaminando ríos– es multifactorial, pero urge más control. Para salir del apuro, perforan hasta 60 pozos nuevos mientras buscan fixes grandes. Y aquí viene lo heavy: pidieron ayuda técnica al Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE.UU., expertos que arreglaron desastres como el huracán Katrina en Nueva Orleans o crisis de agua en Chicago y Nueva York.
“No hemos resuelto del todo en 50 años, así que no seamos egoístas y aceptemos su expertise para planes corto, mediano y largo plazo”, explica Boyd. Los gringos complementan a nuestros técnicos, no los reemplazan. Todo para que Azuero tenga agua decente de una vez.

