Mariana no es una prostituta. No tiene sexo a cambio de dinero y no se para en una esquina de la ciudad a recibir clientes en la noche. Aún así, Mariana intercambió media hora de sexo por Internet gratis.
Y es que en su trabajo actual no gana lo suficiente para tener las cosas que quiere: una mesa de mármol, botellas de whisky, una lavadora o el servicio básico número uno de nuestra generación: Internet.
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Tampoco es que le disguste el sexo, sobre todo si puede elegir con quién. Bienvenidos al trueque del sexo.
En ocasiones los avances en la tecnología nos llevan a regresar a los básicos. Nuestra civilización caminó siglos sin una moneda. En algún momento se pensó que la moneda vendría a facilitar las transacciones. Hoy hemos avanzado a un punto donde la moneda nos vuelve a estorbar, especialmente si se trata de transacciones ilegales.
El narco, desde hace al menos una década, comenzó a utilizar tarjetas de regalo de tiendas como Walmart o Best Buy para lavar dinero. La Deep Web vende artículos robados, tarjetas de crédito y hasta asesinos a sueldo ofrecen sus servicios a cambio de bitcoins, una moneda virtual. Pero, ¿cómo simplificar las cosas aún más? Con el trueque, la antigua acción de intercambiar objetos o servicios por otros objetos o servicios. Así se elimina cualquier intento de rastreo.
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México regresa a los básicos. La prostitución, el oficio más antiguo del planeta, se ha encontrado con la economía más antigua del planeta: el trueque.
Vía: Excelsior



